Kiko vino de Murcia de una vida que no era vida, encadenado y sin nadie que le atendiese.
Que hayamos podido sacarle de ahí ya es motivo de alegría pero se nos parte el corazón al no poder encontrar una casita definitiva donde estar tranquilo y querido.
Ha pasado demasiado tiempo siendo invisible y ahora sería maravilloso que pudiese encontrar alguien con su misma energía para compartir la vida.